domingo, 4 de noviembre de 2018

La Universidad y el emprendimiento


La universidad y el emprendimiento 

En la actualidad, se ha asumido que la universidad se encuentra cumpliendo una tercera misión (junto con la enseñanza y la investigación): contribuir a la sociedad y al desarrollo económico de manera más directa. Las líneas de investigación en el área sugieren que si bien las universidades en general comparten objetivos y metas, éstas tienen diferentes historias, tradiciones y estructuras organizacionales que moldean las formas en las que se lleva a cabo dicha tercera misión (Martinelli, Meyer y von Tunzelmann, 2008). 
La ‘universidad emprendedora’ (entrepreneurial university) juega un rol fundamental tanto como institución productora de información como diseminadora de la misma. En esta línea, se trata de universidades que han mejorado diferentes mecanismos para contribuir al desarrollo regional e incrementar sus ingresos (Guerrero y Urbano, 2010). Además, la universidad no se concibe solo como una promotora de una serie de medidas de apoyo al emprendimiento, sino que también es una desarrolladora de técnicas administrativas y estrategias competitivas. Así, estas universidades están involucradas en alianzas, redes de contacto y otros tipos de relaciones con organizaciones públicas y privadas. Estas relaciones se transforman en un verdadero paraguas para la interacción y colaboración que puede existir entre los diferentes elementos de un sistema nacional de emprendimiento. 
Los estudios identifican dos factores que confluyen en el desempeño de una universidad emprendedora. Por un lado, entre los factores del medio se cuentan los formales y los informales. Mientras los primeros se relacionan con, por ejemplo, la organización emprendedora, las medidas de apoyo para el emprendimiento y la educación en emprendimiento; los segundos implican las actitudes de la comunidad hacia el emprendimiento, las metodologías para la enseñanza del emprendimiento y, por último, los sistemas de incentivo. Por otro lado, los factores internos se dividen entre recursos (humanos, financieros, físicos y comerciales) y capacidades (estatus, redes de contacto y localización) (Guerrero y Urbano, 2010). 
Graham (2014) identifica dos modelos mediante los que las universidades han conducido la adopción de una agenda basada en emprendimiento. El modelo ‘Bottom-up’, dirigido por la comunidad y catalizada por alumnos, exalumnos y emprendedores de la economía local, a menudo surge en respuesta a los retos económicos y sociales. El desarrollo de iniciativas  se desencadena por un deseo de estimular el crecimiento económico regional y, de ese modo, crear empleos, oportunidades de investigación y nuevas formas de apoyo universitario a través de la creación de un vibrante  ecosistema emprendedor. Por lo general, es impulsada por las bases de la universidad, alumnos y ex alumnos, lo que genera un ecosistema dinámico e inclusivo que se crea a través de asociaciones fuertes de mucha confianza entre la comunidad emprendedora local y la universidad. La inversión es centrada de manera regional más que en la institución. En este modelo las universidades a menudo no brindan gran relevancia a generar títulos de propiedad intelectual, en cuanto estos son secundarios a la meta global de desarrollar un ecosistema más amplio e inclusivo. Sin embargo, en caso de haber muchas actividades de i+e que operan fuera de la propia universidad, el modelo puede tener dificultades cuando la universidad tiene por objeto regular e institucionalizar su perfil emprendedor.

Diciembre 2016, Patricio Moya Muñoz