La universidad y el emprendimiento
En la actualidad, se ha asumido
que la universidad se encuentra cumpliendo una tercera misión (junto con la
enseñanza y la investigación): contribuir a la sociedad y al desarrollo
económico de manera más directa. Las líneas de investigación en el área
sugieren que si bien las universidades en general comparten objetivos y metas,
éstas tienen diferentes historias, tradiciones y estructuras organizacionales
que moldean las formas en las que se lleva a cabo dicha tercera misión
(Martinelli, Meyer y von Tunzelmann, 2008).
La ‘universidad emprendedora’ (entrepreneurial university) juega un rol fundamental tanto como institución
productora de información como diseminadora de la misma. En esta línea, se
trata de universidades que han mejorado diferentes mecanismos para contribuir
al desarrollo regional e incrementar sus ingresos (Guerrero y Urbano, 2010).
Además, la universidad no se concibe solo como una promotora de una serie de
medidas de apoyo al emprendimiento, sino que también es una desarrolladora de
técnicas administrativas y estrategias competitivas. Así, estas universidades
están involucradas en alianzas, redes de contacto y otros tipos de relaciones
con organizaciones públicas y privadas. Estas relaciones se transforman en un
verdadero paraguas para la interacción y colaboración que puede existir entre
los diferentes elementos de un sistema nacional de emprendimiento.
Los estudios identifican dos
factores que confluyen en el desempeño de una universidad emprendedora. Por un
lado, entre los factores del medio se cuentan los formales y los informales.
Mientras los primeros se relacionan con, por ejemplo, la organización
emprendedora, las medidas de apoyo para el emprendimiento y la educación en
emprendimiento; los segundos implican las actitudes de la comunidad hacia el
emprendimiento, las metodologías para la enseñanza del emprendimiento y, por
último, los sistemas de incentivo. Por otro lado, los factores internos se
dividen entre recursos (humanos, financieros, físicos y comerciales) y
capacidades (estatus, redes de contacto y localización) (Guerrero y Urbano,
2010).
Graham (2014) identifica dos
modelos mediante los que las universidades han conducido la adopción de una
agenda basada en emprendimiento. El modelo ‘Bottom-up’, dirigido por la
comunidad y catalizada por alumnos, exalumnos y emprendedores de la economía local,
a menudo surge en respuesta a los retos económicos y sociales. El desarrollo de
iniciativas se desencadena por un deseo de estimular el crecimiento
económico regional y, de ese modo, crear empleos, oportunidades de
investigación y nuevas formas de apoyo universitario a través de la creación de
un vibrante ecosistema emprendedor. Por
lo general, es impulsada por las bases de la universidad, alumnos y ex alumnos,
lo que genera un ecosistema dinámico e inclusivo que se crea a través de
asociaciones fuertes de mucha confianza entre la comunidad emprendedora local y
la universidad. La inversión es centrada de manera regional más que en la
institución. En este modelo las universidades a menudo no brindan gran
relevancia a generar títulos de propiedad intelectual, en cuanto estos son
secundarios a la meta global de desarrollar un ecosistema más amplio e
inclusivo. Sin embargo, en caso de haber muchas actividades de i+e que operan
fuera de la propia universidad, el modelo puede tener dificultades cuando la
universidad tiene por objeto regular e institucionalizar su perfil emprendedor.
Diciembre 2016, Patricio Moya Muñoz